GUAYAQUIL DE MIS CALORES



Alex tiene clases al medio día en la U. Se empieza a alistar una hora antes, Alex no es muy puntual, toda su vida ha vivido al límite, siempre de correcorre en correcorre, siempre. Cuando termina de alistarse se da cuenta que tiene 20 minutos para llegar a clases, tiempo récord para llegar del norte de la ciudad al centro en un horario muy congestionado, así que ahí empieza su carrera. Coge el bus, que no tiene aire y para variar le toca ir parado porque está full y por si fuera poco el sol pega tan fuerte como si estuviera en frente de una chimenea, y le toca andar mosca y pilas viendo algún puesto cerca a la ventana para poder por lo menos refrescarse con el aire que el bus haga cuando vaya a velocidad. El tráfico no ayuda, las calles parecen como si estuvieran llenas de hormigas una tras otra pegadas yendo a paso de tortuga, Alex parado sin un asiento libre en el cual pueda sentarse siente como poco a poco gota a gota ruega de su frente lentamente se dirige a sus ojos y le queman como si le exprimieran limones en toda la vista, sin poder secarse bien porque sus brazos están mojados de sudor y su camisa empapada por la misma razón. Mirando al cielo exclamando Dios‼ como si fuera una oración o un grito de auxilio; de pronto ve dos asientos vacíos y corre por el que está cerca de la ventana, en estos momentos no le importa los modales así que compite con una chica que también busca esa ventana para refrescarse, lastimosamente lo pierde y le toca conformarse con el del pasillo, mientras la chica está tratando de refrescarse con un periódico como si fuera abanico, Alex recibe brisas de ese aire pero ya le llegan calientes, como si alguien le estuviera respirando en la nuca, si así de caliente le llega ese aire y para variar en una roja se suben dos carameleros y un aguatero a tratar de vender en el bus, que de por sí ya iba a full y no necesitaba más gente que sofoque el poco aire que había. Y ahí empezó otra competencia, ya no por los asientos cercanos a la ventana sino por quien de los vendedores grita más alto o tratan de vender más, Alex siente que con cada grito o palabra que sale de la boca de ellos una gota más sale de su cuerpo. De pronto la chica de alado empieza a tararear una canción de su banda favorita, Coldplay, y como un momento mágico de esos que salen en las películas románticas, la empiezan a tararear juntos y sus miradas se interceptan, ahora el calor que los azotaba pasa a segundo plano, si es imposible que una historia de amor se desarrolle en una tarde calurosa de la ciudad, pero ese día parece que el destino quería pagarles tanto sufrimiento de calor con una historia romántica. Lastimosamente más allá del nombre y el WhatsApp no pudieron hablar más a fondo porque Alex había llegado a su destino.
Al fin en su universidad había aire acondicionado así que el calor dejo de ser su problema, realmente se había olvidado del calor luego de conocer a la chica del bus, Tatiana, ese es un nombre que olvidará por un buen tiempo. Con respecto a la U, Alex se equivocó de día, hoy no era su primer día de clases, era mañana así que tomó un respiro de paciencia y volvió a casa, con la consigna de mañana volver a repetir lo de hoy pero esta vez saliendo temprano de su casa.
Nosotros sabemos que eso no va a pasar, Alex siempre vive al límite, siempre vive de correcorre en correcorre.  Quizá mañana lleve un ventilador portátil o lleve un Menticol.

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