INSPIRACIÓN
4:35 PM
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Sentado en un bar, sin ideas, sin inspiración, las letras no salían. Ya llevaba 5 meses sin escribir. Ninguna película, serie o canción me ayudó a salir de ese bloqueo literario. Pensé que el alcohol me iba ayudar a relajarme un poco, quizás las letras vendrían con un par de copas, pero nada, ya llevaba una jarra de sangría encima sin efecto alguno. Así que me rendí.
De pronto, la puerta principal se abre, y entró ella, como si me hubiera escuchado que necesitaba inspiración, como si era la dueña del lugar, toda radiante, segura y risueña, se robó todas las miradas, acaparó la atención de todos. No había hombre que no se haya dejado seducir por el resplandor de sus ojos, tenían un brillo único, como cuando miras el sol en pleno ocaso y la melodía de su risa hechizó a todo el bar, tanto así que la música paro, como que si hubiera sabido que estábamos en presencia de una pieza musical magnífica a la cual ninguna otra se le comparaba.
Avanzó al bar y era como si una luz celestial la siguiera en cada paso que daba, era un espectáculo, rara vez, por no decir nunca, un fenómeno así de maravilloso pasaba, y es que por un momento pensé que era el alcohol que me estaba haciendo alucinar un ángel, pero no fue hasta cuando ella le dijo al bartender: "sírvame una copa de sangría". Ahí lo supe, ésto no era un sueño ni una alucinación, ésto era el destino señores, como sí fuera una película de Marvel en donde la heroína era ella y yo quien necesitaba ser salvado.
Me armé de valor para hablarle, y es que entiéndanme, ustedes no saben lo que es hablarle a un ángel hasta que lo tienes en frente, y yo con mi experiencia escribiendo, las palabras no me salían de la boca, como si de pronto me olvidé de todos los idiomas posibles y las letras eran símbolos extraños imposibles de descifrar. Pero como ella estaba ahí para salvarme, decidió ayudarme en eso también y me dijo: "Veo que eres de mi team, te gusta la sangría". Me lo dijo como si nada, como si fuéramos amigos de toda la vida, con esa manera tan relajada, fresca y buena onda de ella. Así que sonreí, y le dije: "Salud por eso".
Nuestras copas sonaron y cuando ella sonrió de vuelta, saqué pluma y hoja y volví a escribir.
Y desde esa noche no he parado de escribir gracias a ella. Espero que ella lo sepa.

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